Autora: Ángeles del Castillo Aguas

martes, 10 de abril de 2012

EL SUBMARINO SECRETO

De mi infancia recuerdo con especial cariño el aparador del comedor, un mueble de madera oscura labrada en el que mi madre tenía exquisitamente colocados unos platos de plata, una cristalería que mermaba año a año tras las navidades y varios objetos a los que nunca les encontré el sentido.
Sin embargo, aquel aparador era algo más que el guardián de los objetos valiosos de la familia, era la base de importantes operaciones navales secretas.  Bajo el aparador, mis hermanos y yo habíamos construido, mediante cuidados trazos hechos con tiza, nuestro submarino, dotado con la última tecnología del momento: selector de velocidad, radar, interruptores de encendido y puesta en marcha, lanzador de torpedos (¡llegamos a disponer de ocho torpedos en la última batalla que recuerdo!), y por supuesto… periscopio.
Entrábamos en el comedor despacio, y muy silenciosamente nos metíamos los cuatro bajo el aparador para entablar una guerra silenciosa contra nuestro enemigo imaginario, que nos acechaba desde la mesa. El juego terminaba cuando mi hermano exclamaba: ¡Abajo periscopio, creo que nos ha visto el enemigo! Y mi madre, ajena a nuestros juegos, entraba en el comedor.

1 comentario:

  1. con tu recuerdo sentido, quedan en evidencia esos niños de hoy que con exceso de juguetes, no saben dar rienda suelta a su imaginación, que suerte cuando no teniamos casi de nada y nada nos faltaba, nos sobraban hermanos con los que jugar.

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