Autora: Ángeles del Castillo Aguas

viernes, 13 de abril de 2012

INQUIETANTE CAJÓN

La casa de los abuelos olía a viejo, a madera y polvo, pero sobre todo tenía el aroma del apacible transcurrir de los días en un pueblo. Los muebles eran antiguos, imponentes, enormes… y todos ellos tenían su historia Sin embargo, el armario de la alcoba de los abuelos era el mueble que suscitaba en mí un temor irracional que no acertaba a explicarme. Era un armario de un cuerpo, de robusta y oscura madera noble, con un gran espejo en el frente, y con un cajón en la parte baja, un cajón amplio y generoso. Tal inquietud despertaba en mí que, aprovechando la hora de la siesta, entraba a hurtadillas en la alcoba y muy despacio abría aquel cajón, en el que esperaba encontrar algún secreto, tal vez joyas y monedas, o algún valioso objeto. Mi imaginación comenzaba entonces un vuelo que a duras penas podía detener. Como era de esperar, un día la abuela me sorprendió, y lejos de reprenderme, con tono grave me contó que durante la guerra civil aquel viejo cajón les había salvado la vida, ya que el abuelo lo había llenado de… ¡arroz!
He de decir que aun hoy, cuando paso cerca del armario, siento cierta inquietud por aquel cajón que un día fue despensa de mis primeras fantasías.

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