Autora: Ángeles del Castillo Aguas

viernes, 29 de junio de 2012

El olor de los recuerdos

Recuerdo con especial cariño los olores de mi infancia. Creo que es un aspecto que los padres actuales no tenemos muy en cuenta, a pesar de que representa para nuestros hijos un pedacito de su vida, un recuerdo muy grato que les acompañará, como a mí, para siempre.

Las manos de mi madre olían a un suave perfume con toques de limón, que recuerdo perfectamente. Cierro los ojos y me traslado a aquellos días en que, con poco más de tres años, iba de la mano de mi madre. Tener la suerte de cogerla no era fácil si tenemos en cuenta que éramos seis hermanos, todos pequeños, y que además mi hermana pequeña tenía dos años y era un terremoto que había que controlar estrechamente.

Recuerdo ir de su mano, solas las dos; recuerdo mi brazo estirado para llegar a su altura, y recuerdo que, intencionadamente, me cambiaba del lado izquierdo al derecho para que su olor se quedara impregnado en mis dos manos.

Después, ya en casa, me llevaba las manos a mi menuda naricilla y disfrutaba el suave olor a perfume de limón. Aspiraba una y otra vez y pensaba: “de mayor quiero oler como mamá”.

He de decir que utilizo el mismo perfume que mi madre con la esperanza de que, algún día, mis hijos también recuerden el olor de mis manos…

Publicado en la revista FAMIPED, de la Asociación Española de Pediatría en Atencion Primaria, vol. 5, nº 2, junio 2012.

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