Autora: Ángeles del Castillo Aguas

lunes, 17 de diciembre de 2012

Tristeza infinita

Hubiera querido llorar, gritar a pleno pulmón, huir, correr… pero mi cuerpo solo me dejó acercarme despacio, muy despacio, a mi hermano, cuya alma ya volaba hacia la eternidad, y darle un beso en la frente, el beso más tierno, el más inmensamente doloroso y dulce que jamás daré. 

Entonces, sin permiso, dos lágrimas resbalaron por mi cara…

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