Autora: Ángeles del Castillo Aguas

lunes, 7 de enero de 2013

Un terrible equipaje


Me llevé las manos a la cara, como si quisiera estar ciega y sorda ante la grave expresión de aquel médico al que no quería escuchar. Todos los hermanos temíamos la noticia que nos iba a dar... Mi espalda, apoyada en la pared, pesaba toneladas, yo ya no podía soportar su peso… lentamente, muy lentamente mi cuerpo se fue deslizando y derrumbando hasta hundirse en el suelo. Agachada, mis brazos apretaban las rodillas para hacerme pequeña, para intentar esconderme de mí misma, para escapar de ese momento, de esa terrible realidad… Lo que estaba pasando no podía ser verdad, me negaba a creerlo, era imposible. Solo hace tres días había estado charlando con mi hermano, que había vuelto de uno de sus viajes por un país africano y que había traído en su equipaje, sin saberlo… una terrible enfermedad, la malaria, que le preparó las maletas para emprender, esta vez, otro largo, mucho más largo viaje.

Aquel fue el día más terrible de mi vida, el más triste y desolador. Ese día me enfrenté, cara a cara, con desesperación y horror, a todo lo que no hice, a todas las palabras que no pronuncié, a todos los silencios que no combatí para salvar ese abismo que me separaba de mi hermano… Ahora era tarde, demasiado tarde. 

Cuando regresé a casa aquella noche, mi alma iba cargada con toneladas de culpa, de arrepentimiento, de profundo pesar… Agotada, me tendí en el sofá y sentí un débil y tibio soplo de aire en mi pelo, un leve roce en la cara… una sensación de tranquilidad me envolvió… y caí en un profundo sueño. Comprendí entonces que mi hermano me acompañaría para siempre.

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